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¿Qué significa ser un joven, mexicano, judío y sionista? - Gabriel Cojuc

La identidad posmoderna no es o blanca o negra, ni se encuentra definida en todo momento. Al contrario, es fluctuante y en ocasiones e_mera, hecho que se refleja constantemente en el pensamiento judeosionista actual. Esta identidad parece únicamente brindar problemas y preguntas incómodas, sin beneficio evidente. La pregunta ya no es por qué, sino para qué somos judíos y sionistas.


En México, ser judío y sionista en la comunidad suele ser una situación inherente e inmarcesible, poco cuestionada.


La estructura de la comunidad judía de México, tan organizada, hermética y admirable, hace que no sea necesaria la inmersión de sus miembros en la sociedad del país a edades tempranas.


El niño judío-mexicano no se expone al desafío de la identidad hasta que se enfrenta con la realidad extracomunitaria, y como postula la hipótesis de la higiene, si uno no se expone desde la infancia a situaciones nocivas, entonces el sistema no aprenderá a combatirlas.


Este mismo principio se aplica a los jóvenes judíos mexicanos, quienes en la infancia suelen poseer una concepción arraigada a los valores judíos, pero que al salir al mundo, se encuentran ante coyunturas amenazantes. La asimilación, temida por muchos, se convierte en una situación difícil de evitar.


La juventud judía del siglo XXI se presenta ante dos mundos aparentemente opuestos, que de no ser articulados adecuadamente, fragmentan la identidad y el arraigo a los cimientos judíos.


Sin un marco claro, los jóvenes judíos mexicanos emprenden su propio camino, sin certeza de la voluntad por retornar.


Ser judío no es sinónimo de rezar y ser sionista no implica apoyar a Israel ciegamente; ser un joven judío, mexicano y sionista representa la prevalencia de mucho más que ideas preconcebidas, es resultado de un largo proceso de reflexión y autodeterminación, es una elección.


En esta época de cambios abruptos, indecisión y definiciones fluidas, aquel individuo que se denomina judío y sionista, no da por hecho su identidad, y hará lo posible por preservarla. La lucha por la identidad en el 2021 no es armada ni tiene un rival definido, pero nos enfrentamos con ella diariamente.


Ante la incertidumbre, quien es apegado y crítico, hace la diferencia en su entorno. La responsabilidad de la juventud implica adaptarse al mundo cambiante y renovarse dentro de éste.


El desafío del judaísmo actual es encontrarse en una senda sin rumbo definido, y no perderse en el camino. El ideal sionista sigue vivo, y la labor por mantener la antorcha encendida también. Los jóvenes no somos solamente el futuro, porque si lo fuéramos, entonces el presente estaría perdido.

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