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¿Los jóvenes son apáticos? - Sharon Garber

Trabajar en la Comunidad Judía de México me ha dado mucho en mi vida tanto personal como profesional. Desde que tengo memoria participo en actividades de la comunidad. Empecé en los Scouts Israelitas de México a los 6 años y a partir de ahí no he dejado de estar activa en la vida comunitaria. 


Hoy, aparte de ser voluntaria en algunas instituciones o proyectos, también la comunidad me ha permitido trabajar profesionalmente en diferentes áreas hasta llegar a ser la directora de la Federación Mexicana de Jóvenes Judíos (FeMeJJ), puesto del que me siento muy orgullosa, ya que a través de este he conocido a personas que se han convertido en mi familia y he logrado desarrollarme como una líder con herramientas profesionales, junto a personas a las que admiro mucho y espero algún día poder seguir sus pasos. 


A pesar de que yo todos los días de mi vida desayuno, como y ceno activismo comunitario, en estos años he escuchado repetidamente una frase que me rompe un poco el corazón. Seguro tú también la has oído o incluso lo has pensado o lo has dicho; “Los chavos son apáticos” o “Los jóvenes ya no quieren hacer nada” o “No tenemos jóvenes activos”.  


¿Sabías que en la Comunidad Judía de México, según el CAE (Comité de Análisis Estratégico) hay 9,000 jóvenes judíos entre 18 y 35 años, de los cuales el 33% están activos en alguna institución o voluntariado de la comunidad? Este porcentaje es un porcentaje alto de personas que quieren donar su tiempo y participar en una actividad comunitaria, el cual yo no doy por hecho y nadie debería. Este porcentaje, solo marca a las personas activas, no está considerando a los participantes de las actividades, es decir, los janijim, los participantes del Festival Aviv, los atletas de las Macabiadas, etc. Es un porcentaje que marca a la gente que lidera y no todos podemos ser líderes, los participantes también son muy importantes, es más, sin ellos no podría haber tantos activistas. 


Los jóvenes activos somos muchos y somos gente que le dona más tiempo a nuestras instituciones que muchas veces a otras cosas que gente de nuestro rango de edad está acostumbrada a hacer. Somos jóvenes que dejamos de ir a cenas con amigos porque tenemos juntas, o que no nos quedamos dormidos hasta las 12 de la tarde  un domingo porque vamos a dar nuestro tiempo y energía a ayudar, a educar y a crecer en otros ámbitos. A veces dejamos de ver a nuestros papás o esposos una semana porque estamos planeando majanot, congresos o peulot. A veces no vamos al viaje familiar porque nos vamos a un congreso de jóvenes judíos del otro lado del mundo. A veces hacemos nuestras propias cenas de shabat para poder seguir trabajando y no dejar las tradiciones. 

¿Y saben qué es lo mejor de esto? Que lo hacemos de corazón y porque queremos, nadie nos obligó. Y eso, eso para mi, vale más que nada. 


Activar en la comunidad es muy fácil, existen más de 30 instituciones juveniles con diferentes áreas de interés en las que se puede activar. Las puertas están abiertas y en mi mundo no existe el “Esque no hay donde activar” o “No hay donde conocer gente”, yo conozco gente nueva todos los días, de distintas edades, gente con valores, con ganas de poner su granito de arena. 


Hoy quiero invitar a los papás de niños más jóvenes a que se quiten los tabúes de lo que es una tnua, a que intenten conocer un poco más de la juventud comunitaria para que le den la hermosa oportunidad a sus hijos de crecer en este ambiente, porque mañana que sean jóvenes y que quieran que activen, van a poder tener amigos de todas las escuelas, de todas las edades y un abanico enorme de opciones donde conocer gente y donde crecer personal y profesionalmente. 


A los jóvenes los invito a conocer más este mundo, a borrar las expectativas y a dejar de creer que los que trabajan o activan en el mundo comunitario tienen etiquetas. Los invito a que vivan actividades de calidad, divertidas, de ayuda social, de danza, de arte, deporte, educación, lo que se les ocurra, podemos encontrar en donde lo pueden hacer. Los invito a compartir qué intereses tienen para que podamos encontrar su lugar y si no lo hay aún, juntos lo creemos. Los invito a vivir esta vida que a mí todos los días me llena el corazón. 


A los jóvenes activistas los invito a seguir siendo esos locos que queremos comernos al mundo, que nos vemos las caras por todos lados, que llegamos a nuestras casas con el alma llena y que todos los días trabajamos por y para los demás. Sin duda porque esto es algo que nos llena a nosotros. 


“Los jóvenes no somos apáticos”


Sharon Garber

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